Al despertar…

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Aquel ruido que se repetía casi cada segundo me había sacado del camastro, el cuarto tenía paredes llenas de azulejos tan manchados que parecían oxidados y el moho marcaba líneas negras y gruesas en las divisiones, el suelo tenía un color verde ennegrecido por la falta de limpieza y además el olor a amoniaco era intenso, tuve un mareo pero avancé hasta la entrada de la pequeña habitación, no tenía idea de la hora pero estaba oscureciendo, o eso me daba a pensar la luz naranja que entraba por la pequeña rendija en la parte superior de la pared posterior; salí al pasillo que estaba lleno de puertas en ambos lados, algunas estaban destruidas, manchadas de un color negro, como sangre seca, a muchas ya no se les veía el número, había algunas sábanas blancas en el suelo, una silla de ruedas, algunas camas atravesadas. El ruido provenía del cuarto de máquinas o eso parecía, esquivé todos los obstáculos y continué hacia abajo, estaba más oscuro, la energía eléctrica se había detenido con las máquinas, entonces, ¿qué está causando ese ruido?

El descenso fue complicado, sin luz y con el mareo del sueño y el olor, trastabillé un par de veces pero logré sostenerme del pequeño tubo anclado a la pared que hacía como barandal, ya comenzaba a identificar aquel sonido, eran… ¿gotas? Se intensificaba mientras avanzaba pero, ¿cómo era posible que pudiera haberlas escuchado a esa distancia? Un momento antes de abrir la puerta me detuve, sentí ese miedo que sentimos con la incertidumbre, suspiré para calmar mis nervios y entré…

Los cuerpos estaban detenidos por una malla hecha con cables, no pude contener un grito y el eco inundó el edificio completamente vacío, la sangre goteaba, cada segundo se precipitaba el plasma carmesí, aplastados unos con otros los doctores, enfermeras y otros pacientes todos con los cuerpos torcidos, mutilados, las muecas de sus rostros reflejan un horror inimaginable y un ojo aún abierto parece mirarme, me empieza a invadir la ansiedad, comienzo a desesperar mientras las luces rojas de las máquinas de electricidad parpadean incesantes, observo mis manos y están manchadas de sangre al igual que mi ropa, mi cabeza proyecta imágenes difusas, gritos, el cuchillo cortaba sus gargantas cual experto asesino, desmembraba y fracturaba cráneos, había vísceras colgando, todos corrían, huían pavorosamente y era yo, eran mis manos, mi voz… mi rostro.

Mi corazón latía rápido, sentía que me faltaba el aire, intentaba gritar, pedir ayuda pero el llanto ahogaba mis palabras y en un instante vino la luz…

-Mr. J., es tiempo de salir de la cama, hora del baño.

-Claro, estoy listo.- Respondí abriendo los ojos dentro mis aposentos entre cortinas y sábanas blancas, todo ha sido un sueño, o tal vez, un recuerdo…

 

Largos días y gratas noches…

“El bien y el mal viven en mí”

-ALUcinant

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