Cazando un corazón…

Aquella noche había pasado como cualquier otra, las personas recorrían las calles bien abrigadas, eso me hacía pensar que comenzaba a hacer frío, ya que mi piel no puede sentirlo, sé que puedo verlo en los humanos, la sed crecía ya que tenía cerca de diez días sin probar ni la más mínima gota de sangre, estaba ansioso por encontrar una víctima pero, su sabor ya no era como antes, ya no me agradaba o necesitaba algo más; de pronto algo atrajo mi atención, estaba ahí de pie bajo la farola, sin abrigo, temblando como una gota de rocío colgando del pétalo de una rosa a punto de caer al vacío, envuelta en un pequeño vestido carmesí y a merced del frío que envolvía la noche, la miré entre las sombras de los árboles que atenuaban mi presencia y que a pesar de no ser invisible, los humanos nunca se fijan que hay a su alrededor, sentí que mi corazón se llenaba de vida, algo extraño sucedía dentro de mi, me acerqué, de pronto su mirada insinuaba haber visto algo entre los arbustos, yo no me moví, volvió la vista hacia la calle tratando de buscar algo o alguien, como si estuviera esperando pero, ¿Qué esperas? Casi susurré para mi. Me acerqué un poco más y pude percibir el ligero aroma de la sangre bajo su piel tan pálida como la mía, ese torrente cálido y lleno de vida, vida que estaba yo buscando, vida que me alimentaría y saciaría esta sed. La noche había avanzado considerablemente y la gente dejaba de pasar, pero ella seguía ahí sin moverse y sin hablar, decidí acercarme más hasta dejarme ver, sus ojos me atravesaron como si no existiera, ¿Es qué acaso no ha notado que estoy ahí? Tal vez solo soy una persona más; el maquillaje corrido en sus mejillas dejó ver las lágrimas que de sus ojos habían brotado, de pronto cambié de parecer, ¿Estás bien? Pregunté. Se volvió hacia mi con la mirada llena de incertidumbre y a la vez de indiferencia, no era lo que esperaba, apenas y podía escuchar su corazón, era como si no quisiera latir; “Yo ya no quiero estar aquí”, la frase salió de su boca con una voz que se entrecortaba, “Mi corazón ya no quiere latir”, y se arrojó a mis brazos como buscando una solución a el conflicto de no querer vivir; no supe que hacer, yo sabía que podía remediar su dolor, solo una mordida y se acabó, no sentiría nada después y la habría sacado de su sufrimiento pero, tal vez la quería para mi. No pude evitar sentir una fuerte atracción hacia ella, había algo que no podía controlar y esque esa extraña debilidad y su falta de interés en la vida me recordó que en algún momento yo lo padecí, se parecía tanto a mi, no podía dejar que tuviera el mismo destino, huí. La siguiente noche no estaba ahí, fui un tonto al dejarla ir, ahora busco un corazón que tenga un suave latir, uno que se parezca a aquel de la mujer del vestido carmesí, uno que me haga sentir que algún día viví…

Largos días y gratas noches…

“El bien y el mal viven en mi”

-Alucard

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