De nadie más…

Volví, si, volví para quedarme aquí y no voy a permitir que alguien más intente obtener algo de ti, que te pretenda o te incomode con intenciones falsas, ¿Amistad? Si, así parece ser, pero en realidad puedo ver sus intenciones tan mediocres e interesadas que no puedo evitar una carcajada. Debo dejar en claro que mis métodos pueden llegar a ser un tanto… Perversos… Pero solo por mencionarlo, en realidad no quiero llegar a mostrar esa parte de mi que estoy seguro no quieren conocer, nadie lo quiere. He sido paciente y tolerante por que sé que puedes manejarlo, pero cuando las cosas empiecen a salirse de control, yo tendré que tomar cartas en el asunto y puedes estar segura que no será bueno, sábes que puedo hacerles daño en todos los aspectos, desde jugar con sus mentes para la peor tortura psicológica que conozco, el miedo, hasta un daño significativo en su ser, apabullando sus cuerpos hasta llevarlos al borde de perder la vida, incluso a veces siento que puedo ir más allá… ¡Tú me perteneces! Y no voy a permitir siquiera que lo intenten, sí tú no los detienes, entonces yo lo haré, el mundo entero, terrenal y divino tiene que entender que eres mía y de nadie más… Imagino que te has dado cuenta que nada se me puede escapar, me doy cuenta de absolutamente todo lo que pasa al rededor de ti, lo que te dicen, lo que no te dicen con palabras, lo que escriben entre líneas, quien te observa y quien no puede esconder la atracción hacia tu persona. Yo no te he mencionado una sola palabra por que de verdad confío en ti y creo que puedes decirme lo que te pasa, pero tú no has mencionado nada aún, jamás me has dicho cuando alguien más te dice que no puede dejar de pensar en ti, que busca una mirada tuya, que para mi mala fortuna, has brindado tal vez más de una vez y eso, no sé por que pero no lo puedo entender, ¿Acaso de hace falta algo, no soy suficiente? Eso se resuelve en cuanto tus palabras llenen mis oídos de todo aquello que no te he sabido dar, pero tu voz no aparece por ningún lado, solo dices que me amas, que eres feliz pero, ¿Quién me lo asegura? No logro entender muchas veces el por qué de tus silencios, el por qué de tu conformidad… Si yo estoy mal por amarte tanto al extremo de confesar que me invade una inexplicable rabia de solo saber lo que intentan, entonces quiero que me lo hagas saber, pero no solo con palabras, quiero hechos. Entiende que no quiero perder ese sentimiento de pertenencia que me embriaga de felicidad, no quiero que tus ojos ni tus besos dejen de expresar eso que aseguras sentir por mi, haz entendido mi idioma y me gusta que te expreses así, pero nunca está demás que me lo digas de vez en cuando, yo tengo tu corazón, tu mente, tu alma y tu cuerpo y jamás dejarás de ser mía, solo mía y de nadie más…

Largos días y gratas noches…

“El bien y el mal viven en mi”

-Alucard

Sentir dolor es inevitable, sufrir es opcional…

Desde mi punto de vista, el dolor y el placer son condiciones que sirven para determinar el bien y el mal, los mecanismos corporales acumulan necesidad y descargan placer. Se puede decir que el placer es el resultado de satisfacer una necesidad, cualquier necesidad no saciada aumenta en ansiedad de deseo hasta sentir dolor. Es curioso que reír intensamente por mucho tiempo causa dolor en las mejillas y detrás de la cabeza, como todo, tiene su punto de exceso, así podemos decir que el placer en exceso causa dolor por que se sobre satisface una necesidad, pero, ¿Cuándo el dolor nos causa placer? Sucede que, el ser humano se acostumbra tanto al dolor que puede llegar a parecer normal y a veces hasta placentero, de manera que incurre en ciertos actos para provocarlo y es comúnmente llamado masoquista, pero no malinterpreten la palabra, no se trata de que alguien use cuero, látigo y antifaz, se trata más de el reconocimiento de la autoridad y de la sujeción a la misma, obediencia sin paliativos, aceptación activa del orden impuesto y de los métodos de castigo utilizados para mantenerlo, cooperación en los mecanismos represivos, algo parecido a la mediocridad, en todo caso, el masoquismo es igualmente una característica de la naturaleza humana que no se halla en otras especies. Desgraciadamente captamos más fácil el dolor que el placer, como ejemplo podría decir que, haciendo una analogía un tanto pícara, hay un momento que podríamos ubicar justo después del sexo, tan próximo que aún se confunde con él, cuando las últimas oleadas del orgasmo ya se retiran, cuando van cediendo los temblores, las convulsiones y los jadeos para convertirse de a poco en suaves cosquillas y respiraciones pausadas, y entonces haces un movimiento que no sabes dónde lo aprendiste porque nadie te lo ha enseñado y sin embargo siempre te salió perfecto, como paso de baile, como una coreografía que te lleva en un único y gracioso desplazamiento de cualquier posición a estar recostado de espaldas, arrastrándola a ella de modo que queda cruzada sobre tu torso, su pierna izquierda entre las tuyas, los pubis unidos, todo su peso apoyado sobre tu pecho, su cabeza apenas a la derecha de la tuya, los dos respirando el cálido aliento compartido y te das cuenta de que es la situación, la posición, el instante perfecto en que cada protuberancia coincide con su oquedad, que no tienes hambre, frío, sed ni sueño y de golpe sabes que es precisamente este el momento en el que el universo debería detenerse, o por lo menos terminarse, por que es esto, no más ni menos, todo lo que tu cuerpo ansía cada instante de tu vida, y entonces sonríes de nuevo y te quedas inmóvil, flotando sin rumbo en este charco de placer transpirado que te envuelve, pero al cabo de un par de minutos no puedes evitar moverte, rodar sobre ti mismo desacoplando los sexos, quizás incluso te das vuelta o te sientas, o enciendes un cigarrillo o, ¿Qué sé yo? De pronto vuelves a tomar plena conciencia de que estás en un colchón con sabanas, en una cama en medio de un mundo que hace segundo solo recordabas vagamente y ahí es cuando te pones a pensar si no será que los seres humanos están más preparados para resistir la persistencia del dolor y no la del placer…

Triste ironía…

Largos días y gratas noches…

“El bien y el mal viven en mi”

-Alucard