Lo más triste sobre leer a Bolaño

Un día pregunté, ¿qué es lo más triste de leer a Roberto Bolaño? Solo algunos respondieron, que si es caro y difícil conseguir esas hermosas ediciones, sí, es caro y difícil pero el esfuerzo de ahorrar, luego buscar y comprar tiene como recompensa pura satisfacción, tener en tus manos un ejemplar de Bolaño hace que valga la pena; otros dijeron que lo más triste es que pocos lo conocen, aunque lo que creo que en realidad sucede es que algunos conocen a poca gente que conoce a Bolaño, siendo uno de los más grandes exponentes de la literatura iberoamericana ha llegado a muchos lugares, ha sido traducido a muchos idiomas y se ha quedado grabado en muchas mentes pero eso sigue sin ser lo más triste de leer a Roberto Bolaño; lo verdaderamente triste, a mi parecer, es que hoy será imposible obtener de su puño y letra una dedicatoria especial en mi ejemplar de “El Espíritu de la Ciencia-Ficción” o escuchar su opinión sobre la situación actual del mundo en una entrevista en vivo para algún programa de radio, lo más triste de leer a Roberto Bolaño es que solo nos queda su arcón y sabemos que no es infinito.

No queda la menor duda de que uno de los más grandes escritores hispanoamericanos del paso de los siglos XX y XXI fue Bolaño y el hecho de que sus inéditos sigan saliendo a la luz lo confirma. Nadie es capaz de leer a Bolaño inocentemente y en palabras de Christopher Domínguez que cito textualmente: “Habremos de morir quienes fuimos sacudidos por el fenómeno Bolaño para que otras generaciones lo juzguen más allá del temor y del temblor, rectificando o corrigiendo nuestra admiración, limando de ella cuanto sea exagerado o contingente”.

Ya no se encuentran grandes mentes como la de Roberto Bolaño en Latinoamérica, si un día tienen oportunidad de leerlo, no se detengan y sabran de lo que hablo.

-J.

Sobre: El Espíritu de la Ciencia-Ficción

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Hablemos de un Bolaño, mejor aún, hablemos de un Bolaño inédito, uno de esos que no han sido mutilados por las editoriales, que contienen la más pura escencia del autor, la idea más original y por poco del mismo puño y letra de quien la concibe, El Espíritu de la Ciencia-Ficción de Roberto Bolaño es uno de ellos.

Obra que se vive y se siente en el DF de los años setenta, en la Peralvillo y por Insurgentes, entre los cafés con leche y los baños públicos viven dos amantes de la poesía, Remo Morán y Jan Schrella, quienes junto a un nuevo amigo José Arco se aventuran en la vida nocturna de la ciudad, persiguiendo autores escondidos en las viejas calles; todo parece suceder en un momento mágico y efímero que separa la noche del día, una novela de iniciación literaria, sexual y amorosa que nos dice que un pequeño sueño o la más profunda obsesión, si se buscan adecuadamente te pueden llevar a la consumación del éxito.

Todo lo bueno de aquel Bolaño de mediados de los ochenta, con su energía y su humor rebelde está plasmado en este libro y en palabras del autor de prólogo Christopher Domínguez Michael: “Ojalá el arcón de Roberto Bolaño nunca se cierre” y así poder disfrutar de sus obras inéditas por mucho tiempo más.

-J.

Sobre: El Ornitorrinco Onírico

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“El ornitorrinco es el animal más absurdo de la tierra”. Así comienza el ensayo sobre la historia del arte del escritor cubano Manuel Pereira de quien en un futuro hablaré. El Ornitorrinco Onírico no lleva a pensar en los sueños como los generadores de todo, de como el arte encontró su inspiración a través de lo onírico, específicamente las artes plásticas, el como los autores de las famosas obras en óleo, los frescos y los cuadros más extraños hayaron en sus sueños la respuesta a aquella pregunta que se hacían a menudo antes de comenzar a pintar, ¿qué pintaré hoy?

El surrealismo, de la mano de su más grande exponente, Salvador Dalí, y todos aquellos que continuaron con la corriente artística más controversial de la historia hasta ahora, como Remedios Varo o Miró, soñaron en gran medida lo que pintaron, plasmaron lo más puro de sus sueños y crearon las obras que hoy tratamos de explicarnos al verlas, a veces despiertos, a veces dormidos, los sueños inspiran todas y cada una de nuestras acciones, eso nos deja ver el autor de este ensayo en el cual explica, a grandes rasgos, nos ayuda a comprender la importancia de soñar, como el ornitorrinco, su diversidad es como sacada de un sueño de Dios.

-J.

Me muero de ganas…

Me muero de ganas de tenerte frente a mí,

De mirarte directo a tus profundos ojos,

De morder tus labios y probar tu boca,

De tocar tu piel con mis manos,

De abrazar tu cuerpo con mis brazos…
Me muero de ganas de tenerte frente a mí para quitarte la vida,

De sacarte los ojos y hacerlos estallar en un puño,

De morder tus labios tan fuerte hasta hacerlos reventar y probar tu sangre,

De arrancarte la piel con mis propias manos y desgarrarla con mis uñas,

De abrazar tu cuerpo hasta triturar tus huesos y dejarte sin aliento…
Yo lo digo de una forma, tú lo lees de otra…

-ALUcinanteMENTE

El Cuentacuentos

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Érase una vez un cuentacuentos al que le gustaba saludar a la gente con alguna bonita frase; “Los rayos del sol deben estar maravillados al tocar su piel, muy buen día señorita Jones”, le decía amablemente a la doncella de la casa vecina; “¡Oh! Su sombrero luce orgulloso de estar en su cabeza alimentado de tanta inteligencia, muy buen día caballero”, saludaba al chofer del carruaje al pasar por la calle. Tenía una frase para todo el mundo; “Esos cabellos mueren orgullosos en sus manos cuando los corta, buen día amable Frank”, era un saludo para el barbero de la esquina. El cuentacuentos era humilde y se ganaba la vida haciendo lo que mejor sabía hacer, contar cuentos en la plaza a la gente que se acercaba, recibía algunas monedas de plata y cuando mejor le iba, también veía algunas de oro. Ya había inventado un montón de personajes para sus cuentos como El Caballo Dentón del Señor Cantebury o El Pirata Pobre, también tenía a El Sapo Ojosaltón y Juliette, una niña con una mosca en la mejilla. La gente amaba sus cantos y sus actuaciones, muchas veces los personajes de otros cuentos que inventaba se encontraban con otros personajes en cuentos diferentes, tenían aventuras en las colinas o en algún pueblo cercano a la ciudad, siempre eran alegres y superaban con inteligencia sus problemas.

Un día, en una de sus actuaciones en la gran plaza de la ciudad, un hermosa joven se acercó curiosa, nunca había visto algo parecido y se sintió maravillada por el trabajo del cuentacuentos. Los personajes aparecían y desaparecían mientras interpretaba un papel y otro, era fascinante a los ojos de la hermosa joven. El cuentacuentos notó su presencia y se quedó un momento en silencio, su belleza le había impresionado, sintió que algo se rompía dentro de él; continuó con el espectáculo y de vez en vez volteaba a mirar a la chica que también le observaba, pero no como el cuentacuentos, sino con una emoción infantil por el talento de este. Aquella tarde el cuentacuentos caminó de regreso a su casa con una extraña sensación de vacío, ¿Qué era aquello que sentía? Pensó en amor, aunque no se parecía al amor que imaginaba y contaba en sus historias donde los personajes enamorados se sentían siempre felices, no dejaban de sonreír y parecía que había luz en todos lados, no, definitivamente no era eso lo que sentía; en cambio, sentía un gran vacío en el estómago y pensó que tenía hambre, una extraña presión en el pecho que parecía que se detenia su corazón, entonces pensó que tenía miedo, el aire parecía faltarle y no podía respirar entonces pensó que estaba muy cansado; el cuentacuentos no comprendía lo que sucedía pero aún sintiendo todo eso apresuró el paso y llegó a casa, tal vez solo necesitaba un largo descanso. Al llegar a casa el cuentacuentos dejó su pesado equipaje donde llevaba disfraces, máscaras, peluquines, maquillajes que utilizaba en su espectáculo y un viejo sombrero con plumas azules al que le faltaba una que en algún espectáculo había caído y se había perdido, puso su tetera al fuego y buscó la pequeña pero cómoda silla en el centro de su pequeña casa, se sentó a esperar el té y pretendía crear una nueva historia, fue entonces cuando aquel extraño sentimiento volvió; lo único que podía imaginar era aquella mirada de ojos grandes y claros como la miel, esa sonrisa sencilla e inocente que iluminaba su rostro, aquella piel blanca casi transparente y ese cabello rizado que caía sobre los hombros casi desnudos por el escote del vestido; sintió nauseas y la presión en el pecho era mayor, se jalaba el pelo con ambas manos intentando sacar todo eso de su cabeza y en su desesperación golpeó su pecho por temor a que su corazón se detuviera. Al no poder calmar tales sensaciones decidió salir a buscar al médico brujo de la ciudad.

Corrió por las calles cuando el sol ya casi desaparecía en el horizonte, los quinqués en algunos callejones ya estaban encendidos y la noche engullía la ciudad poco a poco, con su desesperación y todo, logró llegar a la casa del brujo y tocó la puerta insistentemente. “¡Ayuda, por favor, ayuda!” Gritaba con apuración y la puerta se abrió; el brujo lo invitó a pasar y este accedió con prisa. “Necesito su ayuda, siento la panza llena pero a la vez vacía, mi corazón se detiene de vez en vez y casi no puedo respirar”, había dicho el cuentacuentos al brujo que lo miraba de arriba para abajo y de abajo para arriba. El cuentacuentos imploraba ayuda y el brujo solo lo observaba con una mueca, pensando que aquel hombre estaba loco; después de bastante tiempo habló por fin. “Lo que usted tiene es amor, muy grave cuando no es correspondido”, decía el brujo con tranquilidad. El cuentacuentos no podía creer lo que el brujo le decía, ya había pasado de ello, el amor no era así de… malo. El brujo le explicó que el sentimiento de vacío en el estómago se debía a la ausencia de la persona de la que se está enamorado, la presión en el pecho era porque su corazón ahora tenía un motivo tangible por el cual latir pero de igual manera ese motivo estaba ausente en ese momento y que la falta de aire era porque él debía suspirar cada que pensara en esa persona, así los pulmones se le llenarían de aire y compensarían la falta de este; “ve a buscar a aquella de la que te enamoraste, cuando estés con ella dile que debes saber si ella siente lo mismo para poder sanar”, dijo el brujo y el cuentacuentos salió de inmediato aún sin comprender lo que el brujo le había dicho, en el fondo se sentía…feliz.

Esa noche no logró dormir, su mente estaba imaginando como sería aquel momento en el que le dijera a la bella joven que se había enamorado, no sabía su nombre, ni mucho menos en donde encontrarla y se asustó por un momento. Después de algunas horas y justo antes del amanecer recordó que el espectáculo atraía a mucha gente, que seguramente aquella joven había estado antes pero él había estado demasiado ocupado para verla y supuso que la vería en su próxima actuación; una idea le llegó a su cabeza y una gran sonrisa apareció en su rostro.

Ya por la mañana había preparado todo lo necesario para su nuevo acto, había pasado algunas horas esribiendo, imaginando y preparando todo para poder preguntarle a aquella joven si sentía algo por él. La actuación de aquel día era increíble, la energía desbordaba en cada movimiento, las palabras que decía llegaban hasta los corazones de los espectadores y al fin llegó el acto final, el acto en el que haría pasar a aquella hermosa joven al centro de la plaza y le tomaría de la mano, de rodillas preguntaría si sentía aquella extraña sensasión en el estómago, aquella presión en el pecho y la misma falta de aire que sentía él, su momento había llegado. “Para el siguiente acto necesitaré la ayuda de una joven de ojos grandes y de sonrisa resplandeciente, de piel blanca y cabello rizado”, no había nadie aquella tarde con esa descripción, sus ojos recorrieron uno a uno los rostros de los espectadores pero ninguno se parecía a aquel que le provocaba sentimientos tan profundos. “¿Nadie? ¿Acaso no hay nadie con esas características que desee ayudarme?” y la hermosa joven no apareció, todo aquello que sentía se agudizó y no supo si eso significaba estar más enamorado o estar muriendo; una lágrima rodó por su mejilla y el cuentacuentos salió corriendo abandonando todas sus cosas, corrió tan rápido que casi tropieza con una procesión trás una carroza fúnebre, siguió sin detenerse a ver y al llegar a su casa no pudo contener el llanto y se tiró en el suelo mirando hacia arriba, jamás volvió a salir de su casa, nadie sabía si estaba vivo aunque a veces se escuchaban sollozos cerca de la ventana.

Aquella tarde en la que la hermosa joven no apareció, el corazón del cuentacuentos se rompió, el sol cayó y en un ataud dentro de una carroza una joven yacía con los ojos grandes cerrados en un eterno sueño, una sonrisa casi imperceptible, pétrea, una piel más pálida que blanca y cabello rizado… y una larga pluma azul entre las manos…

Largos días y gratas noches…

“EL bien y el mal viven en mi”

-ALUcinant

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 660 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 11 viajes para llevar tantas personas.

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