El Cuentacuentos

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Érase una vez un cuentacuentos al que le gustaba saludar a la gente con alguna bonita frase; “Los rayos del sol deben estar maravillados al tocar su piel, muy buen día señorita Jones”, le decía amablemente a la doncella de la casa vecina; “¡Oh! Su sombrero luce orgulloso de estar en su cabeza alimentado de tanta inteligencia, muy buen día caballero”, saludaba al chofer del carruaje al pasar por la calle. Tenía una frase para todo el mundo; “Esos cabellos mueren orgullosos en sus manos cuando los corta, buen día amable Frank”, era un saludo para el barbero de la esquina. El cuentacuentos era humilde y se ganaba la vida haciendo lo que mejor sabía hacer, contar cuentos en la plaza a la gente que se acercaba, recibía algunas monedas de plata y cuando mejor le iba, también veía algunas de oro. Ya había inventado un montón de personajes para sus cuentos como El Caballo Dentón del Señor Cantebury o El Pirata Pobre, también tenía a El Sapo Ojosaltón y Juliette, una niña con una mosca en la mejilla. La gente amaba sus cantos y sus actuaciones, muchas veces los personajes de otros cuentos que inventaba se encontraban con otros personajes en cuentos diferentes, tenían aventuras en las colinas o en algún pueblo cercano a la ciudad, siempre eran alegres y superaban con inteligencia sus problemas.

Un día, en una de sus actuaciones en la gran plaza de la ciudad, un hermosa joven se acercó curiosa, nunca había visto algo parecido y se sintió maravillada por el trabajo del cuentacuentos. Los personajes aparecían y desaparecían mientras interpretaba un papel y otro, era fascinante a los ojos de la hermosa joven. El cuentacuentos notó su presencia y se quedó un momento en silencio, su belleza le había impresionado, sintió que algo se rompía dentro de él; continuó con el espectáculo y de vez en vez volteaba a mirar a la chica que también le observaba, pero no como el cuentacuentos, sino con una emoción infantil por el talento de este. Aquella tarde el cuentacuentos caminó de regreso a su casa con una extraña sensación de vacío, ¿Qué era aquello que sentía? Pensó en amor, aunque no se parecía al amor que imaginaba y contaba en sus historias donde los personajes enamorados se sentían siempre felices, no dejaban de sonreír y parecía que había luz en todos lados, no, definitivamente no era eso lo que sentía; en cambio, sentía un gran vacío en el estómago y pensó que tenía hambre, una extraña presión en el pecho que parecía que se detenia su corazón, entonces pensó que tenía miedo, el aire parecía faltarle y no podía respirar entonces pensó que estaba muy cansado; el cuentacuentos no comprendía lo que sucedía pero aún sintiendo todo eso apresuró el paso y llegó a casa, tal vez solo necesitaba un largo descanso. Al llegar a casa el cuentacuentos dejó su pesado equipaje donde llevaba disfraces, máscaras, peluquines, maquillajes que utilizaba en su espectáculo y un viejo sombrero con plumas azules al que le faltaba una que en algún espectáculo había caído y se había perdido, puso su tetera al fuego y buscó la pequeña pero cómoda silla en el centro de su pequeña casa, se sentó a esperar el té y pretendía crear una nueva historia, fue entonces cuando aquel extraño sentimiento volvió; lo único que podía imaginar era aquella mirada de ojos grandes y claros como la miel, esa sonrisa sencilla e inocente que iluminaba su rostro, aquella piel blanca casi transparente y ese cabello rizado que caía sobre los hombros casi desnudos por el escote del vestido; sintió nauseas y la presión en el pecho era mayor, se jalaba el pelo con ambas manos intentando sacar todo eso de su cabeza y en su desesperación golpeó su pecho por temor a que su corazón se detuviera. Al no poder calmar tales sensaciones decidió salir a buscar al médico brujo de la ciudad.

Corrió por las calles cuando el sol ya casi desaparecía en el horizonte, los quinqués en algunos callejones ya estaban encendidos y la noche engullía la ciudad poco a poco, con su desesperación y todo, logró llegar a la casa del brujo y tocó la puerta insistentemente. “¡Ayuda, por favor, ayuda!” Gritaba con apuración y la puerta se abrió; el brujo lo invitó a pasar y este accedió con prisa. “Necesito su ayuda, siento la panza llena pero a la vez vacía, mi corazón se detiene de vez en vez y casi no puedo respirar”, había dicho el cuentacuentos al brujo que lo miraba de arriba para abajo y de abajo para arriba. El cuentacuentos imploraba ayuda y el brujo solo lo observaba con una mueca, pensando que aquel hombre estaba loco; después de bastante tiempo habló por fin. “Lo que usted tiene es amor, muy grave cuando no es correspondido”, decía el brujo con tranquilidad. El cuentacuentos no podía creer lo que el brujo le decía, ya había pasado de ello, el amor no era así de… malo. El brujo le explicó que el sentimiento de vacío en el estómago se debía a la ausencia de la persona de la que se está enamorado, la presión en el pecho era porque su corazón ahora tenía un motivo tangible por el cual latir pero de igual manera ese motivo estaba ausente en ese momento y que la falta de aire era porque él debía suspirar cada que pensara en esa persona, así los pulmones se le llenarían de aire y compensarían la falta de este; “ve a buscar a aquella de la que te enamoraste, cuando estés con ella dile que debes saber si ella siente lo mismo para poder sanar”, dijo el brujo y el cuentacuentos salió de inmediato aún sin comprender lo que el brujo le había dicho, en el fondo se sentía…feliz.

Esa noche no logró dormir, su mente estaba imaginando como sería aquel momento en el que le dijera a la bella joven que se había enamorado, no sabía su nombre, ni mucho menos en donde encontrarla y se asustó por un momento. Después de algunas horas y justo antes del amanecer recordó que el espectáculo atraía a mucha gente, que seguramente aquella joven había estado antes pero él había estado demasiado ocupado para verla y supuso que la vería en su próxima actuación; una idea le llegó a su cabeza y una gran sonrisa apareció en su rostro.

Ya por la mañana había preparado todo lo necesario para su nuevo acto, había pasado algunas horas esribiendo, imaginando y preparando todo para poder preguntarle a aquella joven si sentía algo por él. La actuación de aquel día era increíble, la energía desbordaba en cada movimiento, las palabras que decía llegaban hasta los corazones de los espectadores y al fin llegó el acto final, el acto en el que haría pasar a aquella hermosa joven al centro de la plaza y le tomaría de la mano, de rodillas preguntaría si sentía aquella extraña sensasión en el estómago, aquella presión en el pecho y la misma falta de aire que sentía él, su momento había llegado. “Para el siguiente acto necesitaré la ayuda de una joven de ojos grandes y de sonrisa resplandeciente, de piel blanca y cabello rizado”, no había nadie aquella tarde con esa descripción, sus ojos recorrieron uno a uno los rostros de los espectadores pero ninguno se parecía a aquel que le provocaba sentimientos tan profundos. “¿Nadie? ¿Acaso no hay nadie con esas características que desee ayudarme?” y la hermosa joven no apareció, todo aquello que sentía se agudizó y no supo si eso significaba estar más enamorado o estar muriendo; una lágrima rodó por su mejilla y el cuentacuentos salió corriendo abandonando todas sus cosas, corrió tan rápido que casi tropieza con una procesión trás una carroza fúnebre, siguió sin detenerse a ver y al llegar a su casa no pudo contener el llanto y se tiró en el suelo mirando hacia arriba, jamás volvió a salir de su casa, nadie sabía si estaba vivo aunque a veces se escuchaban sollozos cerca de la ventana.

Aquella tarde en la que la hermosa joven no apareció, el corazón del cuentacuentos se rompió, el sol cayó y en un ataud dentro de una carroza una joven yacía con los ojos grandes cerrados en un eterno sueño, una sonrisa casi imperceptible, pétrea, una piel más pálida que blanca y cabello rizado… y una larga pluma azul entre las manos…

Largos días y gratas noches…

“EL bien y el mal viven en mi”

-ALUcinant

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 660 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 11 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Al despertar…

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Aquel ruido que se repetía casi cada segundo me había sacado del camastro, el cuarto tenía paredes llenas de azulejos tan manchados que parecían oxidados y el moho marcaba líneas negras y gruesas en las divisiones, el suelo tenía un color verde ennegrecido por la falta de limpieza y además el olor a amoniaco era intenso, tuve un mareo pero avancé hasta la entrada de la pequeña habitación, no tenía idea de la hora pero estaba oscureciendo, o eso me daba a pensar la luz naranja que entraba por la pequeña rendija en la parte superior de la pared posterior; salí al pasillo que estaba lleno de puertas en ambos lados, algunas estaban destruidas, manchadas de un color negro, como sangre seca, a muchas ya no se les veía el número, había algunas sábanas blancas en el suelo, una silla de ruedas, algunas camas atravesadas. El ruido provenía del cuarto de máquinas o eso parecía, esquivé todos los obstáculos y continué hacia abajo, estaba más oscuro, la energía eléctrica se había detenido con las máquinas, entonces, ¿qué está causando ese ruido?

El descenso fue complicado, sin luz y con el mareo del sueño y el olor, trastabillé un par de veces pero logré sostenerme del pequeño tubo anclado a la pared que hacía como barandal, ya comenzaba a identificar aquel sonido, eran… ¿gotas? Se intensificaba mientras avanzaba pero, ¿cómo era posible que pudiera haberlas escuchado a esa distancia? Un momento antes de abrir la puerta me detuve, sentí ese miedo que sentimos con la incertidumbre, suspiré para calmar mis nervios y entré…

Los cuerpos estaban detenidos por una malla hecha con cables, no pude contener un grito y el eco inundó el edificio completamente vacío, la sangre goteaba, cada segundo se precipitaba el plasma carmesí, aplastados unos con otros los doctores, enfermeras y otros pacientes todos con los cuerpos torcidos, mutilados, las muecas de sus rostros reflejan un horror inimaginable y un ojo aún abierto parece mirarme, me empieza a invadir la ansiedad, comienzo a desesperar mientras las luces rojas de las máquinas de electricidad parpadean incesantes, observo mis manos y están manchadas de sangre al igual que mi ropa, mi cabeza proyecta imágenes difusas, gritos, el cuchillo cortaba sus gargantas cual experto asesino, desmembraba y fracturaba cráneos, había vísceras colgando, todos corrían, huían pavorosamente y era yo, eran mis manos, mi voz… mi rostro.

Mi corazón latía rápido, sentía que me faltaba el aire, intentaba gritar, pedir ayuda pero el llanto ahogaba mis palabras y en un instante vino la luz…

-Mr. J., es tiempo de salir de la cama, hora del baño.

-Claro, estoy listo.- Respondí abriendo los ojos dentro mis aposentos entre cortinas y sábanas blancas, todo ha sido un sueño, o tal vez, un recuerdo…

 

Largos días y gratas noches…

“El bien y el mal viven en mí”

-ALUcinant

Siete…

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Siete años y casi todos los que estamos aquí todavía no lo podemos creer. Puede que sea malo para todos que sea de ese modo pero creo que tu presencia, tu esencia, tu calor, tus palabras siempre se quedarán con nosotros… “Para ser feliz no importa lo que el mundo te ofrezca, sino lo que tú puedas ofrecer, porque todo lo que se da regresa, y ante los ojos del Señor sólo valen las buenas obras. Al final no te llevarás lo que has guardado, sólo se irá contigo lo que has hecho en favor de los demás; es decir, lo que has dado, nunca te quejes, la vida no es fácil, camino sin piedra no es camino, no te compares con nadie, mídete contigo mismo; es la única manera segura de avanzar. La humildad es una virtud maravillosa, casi inalcanzable, pero no imposible con los años aprenderás que son los atajos los que alargan el camino, que la ruta más rápida y segura es la que ya conoces, que nada es gratis en la vida, que todo debes ganártelo o merecerlo que ser útil es mejor que ser importante. Aprende a dominar tus iras, se tolerante, ¿cuántas veces lo serán contigo? Jamás agredas, no olvides lo que dijo el poeta: “El golpe daña más al que lo da, que al que lo recibe”. Estira la mano sólo para dar o ayudar, quiere a tus parientes y amigos con todos sus defectos o correrás el riesgo de quedarte sólo porque el ser perfecto no existe y acostúmbrate a escuchar; los consejos no se discuten, se agradecen. Recuerda que la belleza es fugaz, que el poder es circunstancial y que la riqueza es ajena que a fin de cuentas, sólo es tuyo lo que consumes que por más dinero que tengas, no serás mejor, no sabrás más, ni serás más bueno ni siquiera podrás comer o dormir más que cualquier mendigo. En todos los actos de tu vida trata de ser justo, piensa en los demás; deja que tu corazón cumpla con su deber, su destino es querer; para eso lo hizo Dios por lo menos eso pensamos. Aprende a valorar el amor que te dan, siendo poco, tal vez sea lo máximo que puedan ofrecerte, no todos tenemos la misma capacidad de sentir y de dar, dichoso tú si puedes hacer feliz al ser que amas. Cada vez que sientas ternura por los tuyos no te contengas todos tenemos una necesidad increíble de cariño sea cual fuere tu edad, ten tus cosas en orden; el Señor puede llamarte en cualquier momento, enseña a vivir con amor a tu familia; si están alejados o resentidos, perdónense, nunca es tarde. La vida es tan corta. Quiéranse mucho, ahora que pueden hacerlo, que están presentes, que es físicamente posible recuerda hijo, que mañana si no los aparta la vida, lo hará la muerte ojalá que estas líneas te ayuden a vivir mejor”. A siete años de tu trascendencia, todo lo que nos has dado sigue aquí con nosotros…

En donde quiera que estés, te amo papá…

Largos días y gratas noches…

-ALUcard

La vida de cabeza…

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Sucede que se vive la vida buscando que suceda lo que no se quiere que suceda… Entes insolentes hundidos en el masoquismo abrasivo de su propia existencia intentando hacerse creer ellos mismos que sus acciones son para lograr su felicidad, siendo que lo único que logran es darse cuenta que están haciendo todo en sentido contrario, viven de cabeza intentando caminar en las nubes, hacen que el suelo esté sobre su frente y crean su propio mundo… ¡Mortales! Por eso he sido llamado por los humanos que desean pagar tributo por ponerles los pies en la tierra, por que, ¿Qué es un humano? Una miserable pilita de secretos, pero basta de hablar, tienen que buscar los medios necesarios para que lo que quieren les sea ofrecido, no es necesario pedirlo, hay que dejar que las cosas lleguen por si solas, el mundo conspira contra si mismo y no permite esa revolución necesaria para hacerlos volver a la tierra y comprendan el mal que se han hecho al pensar que hacen lo mejor para sus vidas…

Largos días y gratas noches…

“El bien y el mal viven en mi”
-ALUcard

Sangre y fuego…

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Con los siglos aprendí a imaginar como son los sentimientos y ahora me parecen tan reales como cuando estaba vivo, a pesar de mi sangre helada y mi pálida piel , puedo saber lo que se siente estar enganchado a alguien.

Es sentir bajo su piel el latir de sus venas, es el probar su cuello y saborear su sangre tibia, es alcanzar el éxtasis frenético y no parar, no hasta saciar. Todo comienza con una mirada, el impulso es casi imparable al sentir el olor inconfundible del hierro, mi corazón resucita y me lleva al límite, mis sentidos se agudizan y soy el cazador y ella es la presa, así sin más poseo su cuerpo y su temperatura aumenta, como si un fuego imposible de sofocar le quemara por dentro, me contagia y me consume a mi también.

Son estos momentos los que me hacen creer que esta vida, si la puedo llamar así, vale la pena para este inmortal…

Largos días y gratas noches…

“El bien y el mal viven en mi”

-ALUcard